Ciudad de México, 12 de octubre de 2026. Del 10 al 12 de octubre, el Congreso Nacional Indígena (CNI) se reunió en asamblea en la Casa de los Pueblos y Comunidades Indígenas «Samir Flores Soberanes» para conmemorar sus 30 años y decidir sus siguientes pasos. Más de 400 personas llegaron a la cita: autoridades, delegadas y delegados de los pueblos amuzgo, ayuuk, chatino, ch’ol, maya, mazateco, me’phaa, nahua, ñuu savi, otomí, p’urépecha, rarámuri, tseltal, tsotsil, wixárika, yaqui, zapoteco y zoque, entre otros 33 pueblos, junto con el pueblo afromexicano, de 22 estados del país. Los acompañaron organizaciones y colectivos de México y de otros países. De la asamblea salieron tres pronunciamientos.
Treinta años después, el despojo no ha terminado
En el año 534 de la resistencia, la asamblea dejó claro su punto de partida: frente a la guerra de conquista, los pueblos no se rinden, no se venden y no claudican. Esa guerra tiene cifras: hasta la primera mitad de 2026, México acumulaba 135,048 personas desaparecidas y un promedio de 40.8 homicidios dolosos diarios. Tiene también instrumentos: la militarización del país, el crimen organizado instalado en los territorios y en las estructuras de gobierno, el T-MEC, el marco agrario y de aguas heredado de la contrarreforma de 1992, la Ley General de Aguas, las leyes del sector eléctrico, los llamados polos de desarrollo, la minería y el intento de reactivar el fracking.
Para responder, el CNI acordó renovar su asamblea y sus estructuras de coordinación, crecer en todas las regiones del país y llevar los acuerdos a las asambleas comunitarias y a los pueblos que todavía no participan en él.
La autonomía no espera permiso
Hace 25 años, los pueblos del CNI decidieron ejercer su libre determinación por la vía de los hechos, sin esperar el reconocimiento del Estado. La asamblea lo reafirmó con principios concretos: los pueblos deciden sobre su destino y sus territorios; los bienes naturales pertenecen a la Madre Tierra y están bajo resguardo de los pueblos, no del Estado ni de las empresas; la consulta es una facultad de las asambleas comunitarias, que deciden si se autoconsultan, y la ocupación de los territorios no se consulta. La autonomía, señaló, tiene tantas formas como historias tiene cada pueblo.
De ahí el rechazo a la iniciativa de Ley de Derechos de los Pueblos Indígenas y Afromexicanos que promueve el Ejecutivo federal, y a cualquier otra que no nazca de los propios pueblos. El CNI respaldó las acciones comunitarias contra esa propuesta y llamó a seguir construyendo autonomía en todos los ámbitos de la vida.
La asamblea exigió el alto a la guerra de exterminio contra el pueblo palestino; la presentación con vida de los 43 de Ayotzinapa, de Sergio Rivera Hernández y de los desaparecidos del CIPOG-EZ y de Santa María Ostula; la libertad de Jesús Plácido Galindo, Sixto Mendoza Limpia, Francisco Moreno Hernández y los presos de Eloxochitlán de Flores Magón, y justicia para Samir Flores Soberanes. Anunció además que acompañará el Viaje Abrazo a las Familias Buscadoras que el EZLN, organización fundadora del CNI, realizará en diciembre.
Lo que se vive en los territorios
El segundo pronunciamiento reúne la palabra de las comunidades. El agua está en el centro: los hundimientos de tierra en Iztapalapa por la sobreexplotación de los acuíferos, los centros de datos que acaparan agua en Querétaro y Jalisco, los pozos con que se pretende llevar el agua de Cholula y Xoxtla a la ciudad, y el río Santiago, contaminado por décadas en El Salto. En Jalisco, más de 50 personas que protestaban por el agua fueron detenidas el 11 de octubre.
La violencia golpea a las comunidades organizadas. En la Montaña baja de Guerrero hay 88 personas ejecutadas, 20 desaparecidas y tres comunidades desplazadas; en Ostula, Michoacán, 36 comuneros asesinados y seis desaparecidos. En Yucatán, el Tren Maya trajo consigo más de 60 bancos de material pétreo aprobados entre 2018 y 2025, la deforestación para plantas fotovoltaicas y la contaminación de los cenotes. A eso se suman el fracking en Puebla y Veracruz, los aerogeneradores del Istmo, las concesiones mineras en Wirikuta, el corredor vial zapoteco en Oaxaca y el uso de programas sociales para dividir a las comunidades en Michoacán, Guerrero y Chiapas.
La conclusión de la asamblea es sencilla pero contundente: ninguna comunidad puede enfrentar sola estas amenazas. Por eso apuesta por fortalecer las asambleas, tejer redes entre pueblos y abrir más espacio a mujeres, juventudes e infancias en las decisiones.
Nace la Red por el Común
El tercer pronunciamiento lo firmaron las organizaciones, colectivas de mujeres, académicos, estudiantes, trabajadores, comunicadores y ambientalistas que acompañaron la asamblea, llegados de 20 estados y de Bolivia, Guatemala, Colombia, Chile, Canadá, España, Italia, Austria, Estados Unidos, Grecia y Alemania. Para ellos, el CNI es una escuela y el único espacio nacional heredero de la lucha de los pueblos originarios.
Su principal acuerdo fue crear la Red por el Común, una alianza nacional para cuidar la vida y el territorio, en especial el agua: no solo contra la escasez y la privatización, sino contra el despojo de ríos y cuerpos de agua. La red buscará también tejer economía solidaria entre el campo y la ciudad, enfrentar la violencia institucional y exigir la presentación con vida de las personas desaparecidas. Los firmantes hicieron suyo el llamado de los pueblos de Guatemala a una alianza del Sur Global.
Acordaron sumarse a la Gira por la Vida, capítulo México, impulsada por el EZLN; al plantón de las mujeres mazatecas frente a la Suprema Corte por la libertad de Miguel Peralta Betanzos y otros 14 compañeros de Eloxochitlán de Flores Magón, y al plantón contra el basurero de San Pedro Cholula. Denunciaron también la persecución contra bases de apoyo zapatistas del ejido Jotolá, en Chilón, Chiapas: Francisco Moreno Hernández sigue preso, María de Jesús Sánchez Gómez y otras siete personas fueron vinculadas a proceso y 35 personas permanecen desplazadas.
Treinta años después de su nacimiento, el CNI cerró su asamblea con la misma palabra con que empezó: nunca más un México sin nosotros.

